• Miércoles 30 de julio de 2014

Soy hombre y… ¡Quiero cambiar de sexo!

Soy hombre y… ¡Quiero cambiar de sexo!

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Se llama Esteban. Tiene el cabello corto y suave, mide a apenas un metro con sesenta. Sus ojos claros miran el mundo desde otra perspectiva, pues desde muy temprana edad se percató de un problema: tenía el cuerpo de una mujer.

“A los cinco años de edad me doy cuenta bien a bien de que nací en el cuerpo equivocado. Recuerdo el momento en que estoy en la escuela y me asignan una fila para entrar al baño. Yo quiero estar del lado de los niños, pero la maestra me manda al de las niñas y me quedo pensando: ¿qué pasó? ¡Yo no voy ahí!”

Esteban es transexual, es decir, alguien que vive un conflicto entre su identidad de género y su sexo biológico. Cuando hablamos de la identidad de género nos referimos a nuestra convicción de comportarnos de acuerdo a lo establecido socialmente como femenino o masculino. Esto debería coincidir con nuestro sexo biológico, el cual se determina por la distinción entre hombres y mujeres a partir de la apariencia de los genitales y de los caracteres sexuales secundarios (masa muscular, tono de voz, distribución de grasa, etcétera).

Lo natural es que una mujer se identifique con el género femenino y no con el género masculino. Para los transexuales es distinto, debido a que la identidad de género no corresponde con el sexo biológico. Suelen vivir con la sensación de ser un hombre en cuerpo de mujer o viceversa; una mujer en un cuerpo de varón. Y aunque suele confundirse con la homosexualidad, esta última se refiere a la orientación sexual, o sea, de quien me enamoro o me siento atraído sexualmente, en tanto la transexualidad tiene que ver con la auto-percepción.

El origen de la transexualidad no se sabe a ciencia cierta, algunos investigadores proponen que es una condición con la que se nace debido a ciertos factores prenatales.

“Pensamos que las hormonas del feto no hacen su trabajo en algunas áreas del cerebro que regulan la conducta sexual, básicamente en el hipotálamo, de donde surge la glándula hipófisis o pituitaria, encargada de la producción de hormonas de casi todo el cuerpo, de la función sexual y reproductora, entre otras funciones”, apunta el doctor Rafael Salin-Pascual, coordinador de la Clínica de la Diversidad Sexual de la Facultad de Medicina de la UNAM.

Concretamente, ciertas anomalías en la producción de hormonas sexuales durante la gestación puede tener un impacto en el “centro de la identidad de género” localizado en el hipotálamo.

“Hasta la semana 14 de la gestación, todos los cerebros son femeninos. A partir de ese momento, los cromosomas actúan para formar ovarios o testículos, estructuras que se encargarán de controlar los niveles de hormonas. Si, por ejemplo, el testículo del feto no produce suficientes niveles de testosterona o no hay receptores para ella, el resultado puede ser una diferenciación parcial o incompleta del centro de la identidad de género.” Recalca el doctor.

Otras teorías biológicas proponen que la transexualidad puede deberse a la exposición del feto a concentraciones inadecuadas de hormonas del otro sexo ya sea por factores genéticos, el estrés y la toma de fármacos o tratamientos hormonales durante el embarazo.

Desde el punto de vista psicosocial, se mencionan condiciones de crianza y desarrollo en la infancia como posibles causas. Por ejemplo, si los padres fomentan en el hijo conductas incoherentes a su sexo. Éste, por supuesto, es tema de amplio debate.

Lo cierto es que, hasta ahora, ninguna explicación ha sido comprobada totalmente. “Lo que sí está claro es que no es una enfermedad, tampoco se hereda ni es voluntario. Eso es muy importante tomarlo en cuenta, porque generalmente los padres quieren cambiar a un hijo transexual o piensan que está enfermo y hacen todo lo posible para curarlo. Realmente lo único que tenemos que hacer es apoyarlos.” Señala el doctor.

La Clínica de la Diversidad Sexual de la UNAM, en colaboración con la Facultad de Psicología, lleva a cabo un protocolo de investigación enfocado a la reasignación de género que incluye el tratamiento paulatino a base de hormonas.

“Vamos a darle el tiempo a las células del organismo para que se preparen y puedan captar las hormonas -precisa el doctor Rafael Salín-. Cuando hay cambios, un aumento de azúcar en la sangre, por ejemplo, modificamos la dosis; pero si todo va bien, la duplicamos hasta llegar a los niveles de una mujer con dos ovarios, en el caso del cambio hombre a mujer. Luego pasamos a la terapia antiandrógenos que suprime la testosterona y reduce el tamaño de los testículos, a fin de consolidar los cambios femeninos.” La transformación de hombre a mujer o de mujer a hombre va acompañada de la salud mental, de manera que la persona pueda asumir su identidad de género en concordancia con su cuerpo.

Esto abre la puerta a un mundo de posibilidades para poder mejorar la calidad de vida de aquellas personas que, por una mala jugada de la naturaleza, no se sienten identificados con su sexo.

Actualmente, tanto las hormonas como la intervención quirúrgica de cambio de sexo son costosas, por ello pocos transexuales pueden beneficiarse; además enfrentan la exclusión social.

 

Fuente | http://www.unamiradaalaciencia.unam.mx/

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